Conclusión

Gracias al contenido sabemos reconocer la historia de la civilización romana. Desde sus incios como siete civilizaciones separdas, hasta su decadencia tras las invasiones bárbaras. Su desarrollo y expansión fueron indispensables, no sólo para el reconocimiento y documentación de los territorios conquistados, sino para crear una lengua central, en la que todos ellos se entendieran, aunque esto desembocaría en la división del latín en vulgar (de vulgo, es decir, pueblo) y clásico, aquel que se quedó escrito, o exclusivo de la iglesia.

La función actual del latín podría parecer un mero formalismo, sin embargo, funda un vehículo por el cuál el conocimiento puede hilarse, ya que es gracias a sus terminos que distintos profesionistas, provenientes de cualquier parte del mundo, pueden entablar relaciones e investigaciones. No es casualidad que la mayoría de las expresiones latinas más utilizadas estén relacionadas con disciplinas cientificas, o con términos eclésiasticos.

Así es como el latín se plantó, y plantea, como el origen de la familia romance, de la que se destacan idiomas tan populares como el español mismo. Aunque lo nutran palabras no latinas, y cada región recupere más y nuevas terminologías, la raíz romana vulgar sigue siendo el punto de inflexión al que hay que retroceder para encontrar el origen de, no sólo el idioma, sino el estilo de vida.

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